
Ayer compartimos una Masterclass realmente especial, con 23 personas que se entregaron por completo a la práctica. Ha sido un placer profundizar juntos en la alineación postural y descubrir cómo pequeños ajustes pueden marcar una gran diferencia en nuestra práctica de yoga.
Exploramos el trabajo de los Bandhas, esos espacios sutiles en el cuerpo que, cuando se activan, nos sostienen desde dentro. Más que una contracción muscular, los Bandhas nos invitan a habitar el cuerpo de otra manera, desde la conciencia, desde lo que no se ve pero se siente. También observamos la alineación en algunas de las posturas más utilizadas, entendiendo cómo la prevención no es solo una cuestión física, sino también de escucha: cómo colocar las muñecas, la cintura escapular, la cadera, pero también cómo colocarnos en el momento presente.

Pero la alineación no es solo una cuestión de protección, sino también de fuerza. Descubrimos cómo, cuando el cuerpo se organiza de manera óptima, el esfuerzo se reparte mejor, evitando tensiones innecesarias y permitiendo que cada músculo trabaje con mayor eficiencia. La fuerza nace de la estabilidad, y la estabilidad surge de una alineación consciente.

El trabajo de respiración nos permitió explorar diferentes maneras de conectar con nuestra energía. Descubrimos cómo una respiración puede limpiar y despertar, mientras que otra nos lleva a la calma y la introspección. Respiraciones que activan, que oxigenan, que nos anclan al instante presente. Cada una con su propio ritmo, cada una con su propio mensaje.
Llevamos todo este aprendizaje a la práctica, permitiéndonos sentir la alineación y la fuerza más allá de la técnica, como una exploración interna y energética. Y en la quietud final, nos dejamos caer en la meditación consciente (Mindfulness), donde quizá por un instante, dejamos de buscar y simplemente fuimos.

Finalmente, compartimos un desayuno donde el café y el té calentaban las manos mientras las palabras fluían. Entre sorbos y bocados, conversamos, intercambiamos impresiones y, sin darnos cuenta, prolongamos la práctica en cada escucha, en cada risa, en cada silencio compartido.

Gracias por vuestra presencia, por vuestra entrega y por hacer de este encuentro algo único. Nos vemos en la esterilla y en la vida.