El cuerpo que nos habita

Hay días en los que uno se levanta con la extraña sensación de que su cuerpo le queda grande, o pequeño, o simplemente ajeno. Como si no lo hubiésemos conocido nunca del todo. Lo miramos al espejo con esa mezcla de familiaridad y sorpresa con la que se observa una vieja fotografía: “¿realmente soy yo quien ha estado viviendo aquí dentro todo este tiempo?”

En el mat de yoga, esta reflexión cobra otro color. Me pasa a menudo, dentro y fuera de clase, que hablo con alumnos que quieren ir rápido. Quieren abrir, alargar, torcer, avanzar. Como si su cuerpo fuera un lugar al que hay que llegar, en lugar de un lugar que ya somos.

Nos enseñaron —mal— que el cuerpo está al servicio de nuestras exigencias. Pero lo cierto es que somos nosotros quienes estamos al servicio de su sabiduría. Porque el cuerpo, ese compañero silencioso, conoce ritmos que la mente no alcanza. Tiene memoria. Tiene fases. Y está en constante conversación con el tiempo.

Respeto al cuerpo significa escucha. Significa detenerse a sentir antes de actuar. Significa entender que hay temporadas de expansión y otras de recogimiento. Que lo que ayer era fácil hoy puede doler. Y que no hay traición en ello, sino evolución. Lo importante es mirar con honestidad en qué fase estamos y avanzar desde ahí, sin forzar, sin disfrazar.

Muchos de nosotros queremos correr hacia un ideal. Hacia una postura perfecta, hacia una versión futura de nosotros mismos que creemos que nos hará mejores. Y en esa carrera olvidamos los pequeños detalles: el temblor sutil de un músculo que despierta, la respiración que cambia cuando nos rendimos, el milagro de estar vivos.

Nos perdemos, por prisa, la belleza del proceso.

Y sin embargo, no hay destino más cierto que este cuerpo. Nos acompañará toda la vida. Lo habitamos desde que nacemos, y lo despediremos cuando todo termine. ¿Cómo no cuidarlo con ternura? ¿Cómo no agradecerle cada paso, cada latido, cada resistencia?

El yoga, como la vida, no va de llegar. Va de estar. De estar con uno mismo en la forma que uno tiene hoy. No como nos gustaría ser, sino como somos ahora.

Escuchar el cuerpo no es una pausa en el camino. Es el camino.

Publicado por Benjamín Cabrero

Cuando hablo de yoga y de correr

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