El día que dejé de entrenar solo músculos y el yoga me enseñó a entrenar consciencia

Hola,

Hoy quiero contarte algo que me cambió la forma de entender el entrenamiento.

Quizá te suene, porque a mí me pasó durante años: entrenar, sumar kilómetros, aumentar la intensidad, buscar esa mejora constante que parece no tener fin.

Yo era de esos que solo miraban hacia delante.

Más kilómetros, más horas, más exigencia.

Hasta que entendí que preparar una carrera de ultrafondo —de esas que te llevan a correr más de cien o ciento veinticinco kilómetros, durante veinte o veinticinco horas seguidas— no era solo una cuestión de piernas o de corazón.

Era una conversación continua con mi cuerpo… y con todo lo que vive dentro de él.

Cuando llevas veinte horas corriendo, de noche, y las piernas pesan como piedras, el cuerpo te habla.

Y si no sabes escucharlo, te grita.

Yo lo aprendí tarde. Entrenaba desde la cabeza que manda y el cuerpo que obedece.

Y un día, sin lesión, sin aviso, algo se rompió por dentro.

No fue el músculo ni el hueso. Fue otra cosa: la conexión.

Sentía que me movía mucho, pero que ya no habitaba ese movimiento.

Ahí apareció el yoga.

Y te soy sincero: al principio fue un caos.

Quedarme quieto me costaba más que cualquier subida de madrugada.

Pero poco a poco descubrí otra forma de entrenar: la que no nace de la exigencia, sino de la presencia.

El yoga me enseñó que la respiración también corre contigo.

Que la fuerza puede ser suave.

Que conocer tu cuerpo no es solo anatomía: es consciencia.

Y entendí algo clave: el yoga no vino a sustituir mi entrenamiento, vino a completarlo.

Me ayudó a equilibrar el esfuerzo con la escucha,

a fortalecer sin forzar,

a prevenir lesiones entendiendo el movimiento desde dentro.

Porque, al final, entrenar no va de castigar al cuerpo, sino de cuidarlo para que te acompañe más lejos, más tiempo y con más claridad.

Y cuando llevas veinte horas corriendo y ya no sabes si sigues por voluntad o por inercia, esa conexión que cultivas con el yoga es lo que te sostiene.

Hoy ya no entreno solo para llegar más lejos.

Entreno para estar más presente.

Para habitar mi cuerpo, no dominarlo.

Y te aseguro algo: desde que lo hago, corro mejor, descanso mejor y vivo mejor.

Si tú también entrenas, quizá te sirva recordarlo.

A veces el verdadero entrenamiento no está en los kilómetros, sino en la escucha.

Y ahí, justo ahí, empieza todo.

El yoga consciente puede ayudarte a ti también.

A integrar el movimiento y la quietud.

A entrenar con inteligencia, no con prisa.

A evitar lesiones y construir un cuerpo más estable, más ágil y más presente.

Porque entrenar el cuerpo está bien.

Pero entrenar la consciencia… lo cambia todo.

Nos vemos en el camino,

Benjamín

Wake Up Yoga

Publicado por Benjamín Cabrero

Cuando hablo de yoga y de correr

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