Como los Vedas y los Upanishads llegaron a mi vida.

Desde que me adentré en el camino del yoga, he descubierto que las escrituras más antiguas de la India, los Vedas y los Upanishads, son como un mapa que guía nuestro viaje hacia el interior. Al principio, cuando comencé a estudiar estas obras, me parecían algo lejanas, como textos llenos de simbolismos complejos y palabras que no terminaban de encajar en la realidad de una clase de yoga. Pero, con el tiempo, me di cuenta de que estos textos están profundamente conectados con lo que buscamos en cada asana, cada respiración y cada momento de quietud. Y lo más interesante: tienen una relevancia profunda en estos tiempos, cuando más que nunca necesitamos reencontrarnos con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea.

Los Vedas son los textos sagrados más antiguos de la tradición india. Contienen himnos, oraciones y rituales dedicados a diferentes deidades y fuerzas de la naturaleza. Aunque en un principio parecen ser más una serie de ceremonias o plegarias dirigidas a lo divino, algo que me impactó cuando los leí por primera vez fue cómo en su fondo hay un anhelo por la conexión profunda, por esa armonía que tanto buscamos. En estos textos se habla de la unidad de todas las cosas, de cómo todo está interconectado, y aunque sus rituales pueden parecer distantes para nosotros hoy, este deseo de unión es algo que podemos vivir en cada sesión de yoga. En muchas ocasiones, me he encontrado pensando que, más allá de la postura que hacemos, de la flexibilidad que buscamos, lo que realmente buscamos es una reconexión con nuestra esencia, con ese espacio interior donde todo está en equilibrio.

Ahora bien, los Upanishads llegaron a mi vida como una especie de revelación. Son una parte filosófica de los Vedas, un conjunto de escritos que reflexionan sobre la naturaleza del ser, la conciencia, y la relación entre el alma individual (Atman) y la realidad última (Brahman). Cuando los empecé a leer, entendí que el yoga, en su profundidad, no se trata solo de mover el cuerpo o aprender a respirar de forma controlada. El yoga, como lo explican los Upanishads, es el camino hacia la realización de que somos uno con el todo. Que esa separación que sentimos, esa desconexión, es una ilusión creada por la mente. Y esa es, a mi juicio, la enseñanza más poderosa: que todo lo que buscamos en nuestra práctica de yoga ya está dentro de nosotros, solo necesitamos recordarlo.

Cuando enseño yoga, trato de acercar estos conceptos a mis alumnos de manera sencilla, porque entiendo que los Upanishads y los Vedas no siempre son fáciles de comprender de forma directa. A veces, las palabras pueden sentirse distantes o complejas, pero lo que me gusta es invitar a los estudiantes a experimentar lo que los textos proponen, más que simplemente leerlos de manera intelectual. Por ejemplo, cuando hablamos de la unidad de todo lo que existe, les pido que en sus posturas piensen en cómo su cuerpo, su respiración y sus pensamientos se alinean en un solo flujo. Que no importa si estamos en una postura de pie o en una inversión, en cada momento de yoga estamos en contacto con esa unión que los Vedas y Upanishads describen.

Hoy más que nunca, en un mundo lleno de ruido, estrés y desconexión, creo que estos textos antiguos tienen un mensaje muy necesario. Los Upanishads nos invitan a mirar hacia adentro, a cuestionarnos sobre nuestra naturaleza más profunda, y eso es justo lo que necesitamos en este momento histórico. Nos hemos alejado tanto de nuestro ser esencial, que a veces nos olvidamos de que el verdadero bienestar no viene de las cosas externas, sino de un retorno a nuestra esencia. En yoga, a través de la meditación, la respiración y el movimiento, podemos crear ese espacio para re-conectarnos con lo que realmente somos.

Para acercar estas lecturas a los alumnos de yoga, suelo sugerirles que, antes de practicar, se tomen un momento para reflexionar sobre alguna cita de los Upanishads. Algo como: “Tú eres eso” (Tat Tvam Asi), una de las enseñanzas más conocidas, que nos recuerda que no estamos separados del universo, sino que somos el universo en su totalidad. A veces, solo con ese recordatorio, la clase adquiere otro nivel de profundidad. También me gusta recordarles que el yoga no es solo el estiramiento del cuerpo, sino la expansión de nuestra conciencia. Es como un proceso continuo de descifrar quiénes somos realmente, más allá de las identidades que hemos ido construyendo a lo largo de la vida.

Los Vedas y Upanishads no son textos que se deban entender solo desde un plano intelectual; son guías para vivir con mayor conciencia, para integrar ese sentido de unidad y paz en nuestra vida diaria. Y es que, al final, el yoga es mucho más que una disciplina física; es un camino hacia la comprensión, hacia el regreso a casa, a esa conexión profunda con lo divino que los antiguos sabios ya nos mostraban.

En estos tiempos donde a menudo nos sentimos perdidos o desconectados, quizás el mayor regalo que podemos ofrecer es esta invitación a mirar hacia adentro, a redescubrir nuestra propia sabiduría interna. Y si puedo hacer que mis alumnos sientan un atisbo de eso en cada clase, conectando con las enseñanzas de los Vedas y los Upanishads, me siento profundamente agradecido. Porque, al final, el yoga es solo el recordatorio de que todo está interconectado, y que nuestra verdadera naturaleza es paz, unidad y amor.

Publicado por Benjamín Cabrero

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