En mi esterilla, con un bloque bajo la mano

Hace unos días, en mitad de mi práctica, sentí algo que no había sentido en mucho tiempo: espacio. No espacio físico, de ese que se puede medir con una regla. Me refiero a un espacio interno, silencioso, sutil. Como cuando te quitas una mochila muy pesada y por fin respiras hondo sin darte cuenta.

Estaba en una postura sencilla, Ardha Uttanasana, con las manos sobre dos bloques. Podría haberme inclinado más, claro. Podría haber tocado el suelo si me lo hubiera propuesto. Pero elegí quedarme ahí, con las palmas apoyadas, sintiendo la espalda alargarse como si respirara también por dentro de los omóplatos. Y entonces entendí algo.

Durante mucho tiempo pensé que usar soportes era una manera de “compensar”. De hacer menos. Pero con los años —y sobre todo a través de enseñar— he descubierto que es todo lo contrario: los soportes son herramientas de precisión, de escucha, de respeto. Nos permiten ir más profundo, no por empuje, sino por honestidad.

He aprendido más de mi propio cuerpo con una manta doblada bajo la pelvis o con un cinturón que me sostiene el pie, que en todas las veces que forcé para entrar en una postura “como debía ser”. Porque el cuerpo no miente, pero a veces sus mensajes son suaves, y hay que afinar el oído. Y los soportes afinan.

Cuando enseño, me gusta invitar a mis alumnos a usarlos como aliados. No porque no puedan sin ellos, sino porque el cuerpo cambia. Porque un día las piernas están ligeras como aire y otro pesan como si llevaran el invierno dentro. Porque no somos los mismos de un día para otro. Ni de una respiración a la siguiente.

Ahora, cuando practico, tengo siempre un bloque cerca. No porque lo necesite, sino porque me recuerda que puedo elegir el camino más amable. Que puedo observarme sin exigencia. Que a veces no hace falta llegar más lejos, sino estar más presente.

Y eso, en el fondo, es de lo que se trata todo esto, ¿no?

De escucharnos. De cuidarnos. De explorar quiénes somos, cada vez que pisamos la esterilla.

Publicado por Benjamín Cabrero

Cuando hablo de yoga y de correr

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